viernes, 22 de noviembre de 2013
De blanco
The Beatles. O “El Álbum Blanco”. Una de las más impresionantes creaciones de un grupo contemporáneo. Ha sido motivo de controversia durante años y hasta fue considerado una mera muestra de pistas solistas y hasta se asegura que fue concebido como la suma de esfuerzos individuales. Sin embargo, aunque al momento de editarse los problemas y tensiones por los que el grupo atravesaba eran muchos, el Álbum Blanco se abría ante el público como un manual de la música popular desde 1920 en adelante, una especie de fuente inagotable en la que todos bebieron luego.
Luego de cinco meses de trabajo en los estudios de EMI, un lapso sin precedentes para la época, el 22 de noviembre de 1968 los Beatles editan una obra nueva, el álbum doble llamado simplemente “The Beatles”. Desde sus tapas completamente blancas, el cuarteto anunciaba su intención de alejarse de la psicodelia para retornar al rock and roll de los comienzos. De hecho, el sonido simple del “Álbum blanco” era una virtual antítesis a la elaboración extrema de “Sargento Pepper”.
Los críticos se extasiaron ante la enorme selección y diversidad de gusto en este álbum que abarcaba desde la extraña Revolution 9 de John hasta la dulce Mother Nature’s Son (Hijo de la Madre Naturaleza) de Paul. Para muchos críticos, la variedad del disco representó una perfecta síntesis de la música occidental.
Tony Palmer, el crítico del “London Observer” comentó: “Si queda alguna duda de que Lennon y McCartney son los más grandes compositores desde Shubert, entonces este disco hará seguramente que el esnobismo cultural y el prejuicio burgués sean arrastrados en un diluvio de jubilosa interpretación musical”.
Si bien en el Álbum Blanco quedaba claro que los Beatles todavía funcionaban como grupo, no era menos cierto que –en determinadas ocasiones– no siempre se necesitaban los unos a los otros para dejar grabada una canción. Lo cierto es que para esa época, la relación laboral estaba en crisis y los Beatles se encaminaban hacia la separación.
India: la génesis
Los Beatles habían conseguido en 1968 lo que cualquier músico de cualquier época siempre hubiera soñado. Tan solo cinco años después del lanzamiento de su primer álbum eran considerados el mayor fenómeno Pop-Rock de todos los tiempos y tenían todo lo que pudieran desear. Tal vez la necesidad de vivir nuevas experiencias o de reencontrarse consigo mismos, les llevó a seguir un curso de meditación trascendental con el Maharishi Mahesh Yogi en Rishikesh, India.
Los Beatles fueron allí para olvidarse de su vida como superestrellas de la música. Pero aunque no se quedaron en India mucho tiempo, lo cierto es que el aislamiento y la ausencia de preocupaciones diarias hicieron que John y Paul escribieran un buen número de canciones. De hecho entre los cuatro Beatles, 32 canciones fueron traídas de la India. La naturaleza acústica de muchas de ellas se reflejó posteriormente en las pistas de su nuevo trabajo.
Con todas estas canciones, los Beatles decidieron publicar un doble LP que ofreciera tanto calidad como cantidad. Los talentos individuales de los cuatro encontraban la estructura del grupo demasiado restrictiva para sus propias ideas. A esta altura, ninguno de ellos estaba dispuesto a descartar alguna de sus canciones en favor de la de otro. El Álbum Blanco se convirtió así en un esfuerzo conjunto de cuatro individuos, cada uno reclamando tiempo en el disco para sus propias composiciones.
Una meseta elevada
Desde su primer álbum (Please Please me, 1963) hasta Help! (1965), la evolución de los Beatles en el terreno musical –si bien lenta e irregular– no conoció estancamientos ni mucho menos retrocesos. Es Rubber Soul (diciembre de 1965) el primer álbum que marca una ventaja considerable respecto del anterior. De ahí en adelante, comienza una escalada creativa que culmina en el preciosismo de Sargent Pepper’s LHCB (junio de 1967). No era poco pasar en cinco años de Love me do (Ámame) a Lucy in the sky with diamonds (Lucy en el cielo con diamantes). Pocas veces la historia de la música popular tuvo la oportunidad de experimentar un cambio tan visible como repentino. Pero el interrogante quedaba abierto: ¿podían los Beatles superar a Sgt. Pepper?
A partir de 1968 quedó claro que para el cuarteto de Liverpool la experimentación había agotado todas sus posibilidades. Por eso, en lugar de intentar lo imposible hicieron algo más inteligente: hacer de cuenta que empezaban de nuevo. Si la psicodelia se había caracterizado por la profusión de colores y los títulos exóticos, el disco siguiente tendría una portada blanca y el título más sencillo: The Beatles. De ese modo, interrumpieron el ascenso para transitar una meseta. Pero una meseta inmensamente elevada.
Visto en retrospectiva, el resultado final fue la obra más moderna del grupo. Fue justamente el hecho de haber sido concebido como un intento de hacer simplemente música –renunciando a la experimentación sonora– lo que les permitió alumbrar un producto menos pretencioso pero a la vez más atemporal.
Para quien no lo conoce, es difícil ubicar al Álbum Blanco en su época de elaboración y edición, justamente porque se trata de una obra revisiva, anclada simultáneamente en las últimas tendencias experimentales (Revolution 9) pero también en la antiquísima tradición del hombre cantando acompañado sólo por su guitarra (Julia; Blackbird). El álbum doble es una especie de resumen de toda su obra hasta esa fecha pero que devela la inevitable experiencia adquirida en cinco años. Así, la simplicidad que posee en algunos momentos el Álbum Blanco está cargada de un grado de virtuosismo que no poseían sus primeras grabaciones.
Escribiendo una canción
Las letras del Album Blanco muestran a los Beatles a cara descubierta, con sus luces y sus miserias. Abundan las referencias autobiográficas y en algún caso, el sujeto que canta parece un delegado de la voluntad del conjunto (“Bueno, estamos haciendo lo que podemos”, Revolution 1). Pero la acidez es de otro tipo y en algunos pasajes la nueva obra sabe a resaca de fiesta (¿qué otra cosa había sido 1967?). La depresión absoluta (Yer Blues; I’m so tired) y la crítica en su forma más pura y directa se instalan y -por primera vez- aparece la desilusión del mundo. Contrariamente, también abundan los pasajes celebratorios del día y la naturaleza y las tendencias idílicas en la reabierta zona de la canción de amor.
John Lennon muestra un vuelco desde el surrealismo a la canción de protesta. El contexto social (recién se apagaban los fuegos del Mayo Francés y la guerra de Vietnam era ampliamente repudiada por los jóvenes) está presente en Revolution 1 y Glass Onion (Cebolla de vidrio). También está presente su entorno inmediato: Julia (dedicada a su madre y a Yoko Ono), Sexy Sadie (que muestra su desilusión para con el Maharishi) y Everybody’s got something to hide except for me and my monkey (Todos tienen algo que ocultar excepto yo y mi mono), otra vez sobre Yoko y la visión que ambos tienen del mundo. Los temas que John introduce en el Album Blanco son una colección insuperable. Quizás su mejor trabajo para un LP de los Beatles y superior en su conjunto a cualquier obra solista posterior.
Pero quien más fácilmente se adaptó al retorno a formas primitivas fue Paul McCartney, poseedor de una gran habilidad para reproducir estilos de cualquier época. El homenaje a la música sencilla de los comienzos está presente en I will (Lo haré) y Birthday (Cumpleaños), claros ejemplos de la época en que los Beatles subordinaban las letras a la melodía y los arreglos. Rocky Raccoon y la encantadora Honey Pie (Pastel de miel), recogen la nostalgia de Paul por la vieja música americana y Helter Skelter planta la semilla de lo que luego conoceríamos como “heavy metal”.
Por último, la obra de George Harrison alterna entre las fórmulas revisitadas y la exploración. George también retoma la canción tradicional con Long long long (Hace ya mucho); se hace cargo de la crítica social en Piggies (Cerditos); ofrece un referente absolutamente original y con aires de soul en Savoy Truffle (Trufas de Saboya) y de paso nos regala una de las más grandes creaciones de los Beatles: While my guitar gently weeps (Mientras mi guitarra llora suavemente), donde le toma el pulso a su tiempo (“miro el suelo y veo que necesita una limpieza”) y critica al mundo que ha transformado al hombre en una ficha social, rotulado y con valor fijo (“No se como alguien te controló, te compraron y te vendieron…”).
La suma de las partes
Por primera vez en la historia de los Beatles y, tal vez, por primera y única vez en la historia musical, un grupo fue capaz de demostrar en una realización que podía transitar por el rock’n’roll, el reggae, el soul, el pop, el blues, el folk, el country, el swing e inclusive el avant-garde con consumada habilidad, sin dejar por eso de sonar como los Beatles, sentando además las bases para nuevas corrientes como el grunge y el hard rock.
George Martin, el productor de los Beatles, trató en vano de convencer a los chicos para que transformasen este doble álbum de treinta canciones y noventa minutos en un álbum pulido, con menos canciones y no más de cuarenta minutos de extensión. “Mi opinión es que debía haber sido un álbum sencillo. Hubiese sido un álbum fantástico de haber estado condensado”, comentó Martin algunos años después. Pero los Beatles prefirieron dejar dentro de su obra este legado al que todos deben referirse para saber de qué se está hablando en lo musical.
No hay que olvidar que en 1968, el nuevo trabajo de los Beatles fue juzgado por su música y sus canciones no fueron consideradas como astillas de cristal que reflejaban las desavenencias internas de la banda por una razón muy sencilla: nadie conocía lo que se cocinaba en el seno del grupo. Por el contrario, las canciones fueron vistas como una efusión musical de una enorme riqueza, cantidad y diversidad. Los Beatles trabajaron en conjunto en muchas de las canciones del álbum. Y como tan contundentemente lo demuestran While my guitar gently weeps, Back in the USSR, Yer Blues, Revolution 1, Helter Skelter, Birthday o Dear Prudence, los trastornos internos no tenían por que traducirse en una música mediocre.
Hoy, conociéndose la trastienda de la grabación, es probable que algún despistado pueda seguir cuestionándose el hecho de que el álbum es una suma de individualidades. Pero desde entonces nunca hubo (y me animo a decir que nunca habrá) en la historia de la música popular otras individualidades como esas y, mucho menos aún, sumadas.
Musicalmente imposible de superar, el Album Blanco transformó el panorama musical en un sistema planetario en el que The Beatles pasaron a ser el sol alrededor del cual todos giraron. Una luz sin la que nada ni nadie podría brillar por sí mismo.
viernes, 15 de noviembre de 2013
2014: El año de las sagas
Definitivamente, 2014 será uno de esos años en los cuales, a falta de ideas, Hollywood se decanta por terminar ofreciendo nuevos capítulos de éxitos ya probados en la taquilla de los cines. Así, los seguidores de las sagas de Marvel, Tolkien, y de los comics en general, estarán mas que contentos con los films anunciados para el próximo año.
Hay cinco títulos que -a priori- serán los más convocantes. El primero está basado en la novela gráfica de Frank Miller, «Xerxes»: «300: Rise Of An Empire» (300: El Origen de un Imperio), que con dirección de Noam Murro, se estrenará en 3D. Esta nueva entrega lleva la acción al campo de batalla (esta vez, en el mar) y nos narra los intentos del general griego Temístocles de unificar toda Grecia dirigiendo el cambio que modificará el curso de la guerra. Para ello debe enfrentarse contra las invasoras fuerzas persas capitaneadas por Xerxes (mortal devenido en dios), y Artemisia, la vengativa comandante de la armada persa. En el elenco, destacan Eva Green, Rodrigo Santoro y Jack O'Connell.
El segundo título que se destaca es «Captain America: The Winter Soldier» (Capitán América: el Soldado de Invierno), continuación de las aventuras del héroe de la Marvel dirigida por Anthony Russo. Chris Evans repite su papel del Primer Vengador, y también aparecen Scarlett Johansson (nuevamente como Black Widow), Samuel L. Jackson (Fury), y el eterno Robert Redford. El film arranca donde terminaba la primer entrega de «The Avengers» y el Capitán América, Black Widow y Halcón deberán enfrentarse a un enemigo extraordinario: el Soldado de Invierno.
«X-Men: Days of Future Past» (X-Men: Días del Futuro Pasado), es la nueva entrega basada en el equipo de los super héroes de la Marvel. Bryan Singer vuelve a ponerse detrás de la cámara para dirigir un elenco donde volvemos a encontrarnos con Hugh Jackman (Wolverine), Anna Paquin (Rogue), Patrick Stewart (Charles Xavier), Ian McKellen (Magneto), Halle Berry (Storm), Ellen Page (Shadowcat) y Shawn Ashmore (Iceman).En esta ocasión los X-Men deben enfrentarse con un evento que, de ocurrir, generaría un futuro en el que 10 años después de «X-Men: The Last Stand», los mutantes vivirían en campos de concentración y serían vigilados por una armada de robots centinelas y muchos de los X-Men habrían sido capturados o muertos. Para evitarlo deberán viajar en el tiempo e impedir un importante suceso histórico acontecido en 1973, por lo que Kitty Pryde usará sus poderes con el fin de enviar la mente de Wolverine a su cuerpo del pasado donde coincidirá con las versiones jóvenes de Charles Xavier (James McAvoy), Magneto (Michael Fassbender) y Mystique (Jennifer Lawrence).
También la exitosa novela del escritor C. S. Lewis tendrá un nuevo capítulo, esta vez bajo el título «The Chronicles of Narnia: The Magician's Nephew» (Las Crónicas de Narnia: El sobrino del Mago). Será la cuarta entrega de la adaptación cinematográfica de la saga literaria y aunque «El Sobrino del Mago» es el sexto libro por orden de publicación de la serie, la historia es una precuela de «El león, la bruja y el armario».
Por último, en diciembre de 2014, verá la luz la tercera y última parte de la adaptación de la novela de J.R.R. Tolkien «El Hobbit», precuela de «El Señor de los Anillos». Lleva por nombre «The Hobbit: There and Back Again» (El Hobbit: partida y regreso) y -por supuesto- será estrenada en 3D con dirección y guión del neozelandés Peter Jackson. Martin Freeman, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Elijah Wood, Andy Serkis, Ian McKellen, Christopher Lee, Ian Holm, Luke Evans, Evangeline Lilly y Richard Armitage repiten en los caracteres que ya aparecieron tanto en las tres entregas de «El Señor de los Anillos» como en las dos primeras partes de «El Hobbit». Uno de los rumores que han corrido con mucha fuerza es que Leonard Nimoy (el legendario Spock de la serie original de «Viaje a las Estrellas»), tendría una pequeña participación en la película.Si bien las dos primeras entregas (la segunda de ellas, «Un viaje inesperado» se estrena el próximo 13 de diciembre) trataron específicamente del contenido del libro, esta tercera historia se centrará en los hechos que acontecieron entre el final de «El hobbit» y el inicio del libro «La Comunidad del Anillo». Para la realización de esta película, la historia fue ampliada con otros escritos de Tolkien, como por ejemplo la reunión del Concilio Blanco, que permite explicar a donde fue Gandalf cuando dejó a los Enanos y a Bilbo a las puertas del Bosque Negro.
miércoles, 23 de octubre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
ABBA: La música que vino del frío
El estreno de «Mamma Mia!» –oh sorpresa– disparó la venta de los discos del grupo hasta la cima de los ranking de Europa. Pero eso no es todo. Mientras el musical (compuesto en su totalidad por canciones de ABBA) es un éxito de taquilla, el pop meloso nacido en Suecia es considerado por las revistas especializadas «una obra maestra indispensable». Lo que sigue son algunas cavilaciones sobre dos matrimonios sospechados –entre otras cosas– de mantener la economía sueca con sus éxitos.
UNO. No quiero mentir. La pregunta revoloteaba en mi cabeza desde el mismo momento en que mi primo me llamó por teléfono para decirme que ya tenía las entradas para «Mamma Mia!» y que me invitaba a ver la película donde Meryl Streep y Pierce “007” Brosnan cantan muchas de aquellas canciones pop de tres minutos que se nos metieron en la cabeza para siempre allá por los años ’70. Entonces pensé: ¿el maquinista tendrá la amabilidad de pasar la película para nosotros tres (mi primo, su esposa y yo) o habrá alguien más en la sala? ¿Cuántos seremos los que a plena luz del día y a la vista de todos vamos a aceptar –finalmente– que desde nuestra más tierna juventud fuimos seducidos por esas melodías pegadizas que funcionaban tan bien y que –como los buenos vampiros– todavía se mantienen jóvenes y adictivas? Para hacerla corta: la sala estaba casi llena. Y hubo muchas risas y muchos aplausos al finalizar la película. Y seguro que todos los presentes (mayoría absolutísima de cuarentones largos) nos sentimos otra vez jóvenes y con ganas de ponernos a bailar –aunque sea por última vez– «Dancing Queen».
DOS. A principios del pasado agosto la noticia dio la vuelta al mundo: debido al estreno europeo de la película en cuestión ABBA hizo historia al conseguir que su álbum «Gold» –de grandes éxitos y publicado en 1992– se convirtiese en el disco más antiguo que consiguió el número 1 de las listas británicas. La recopilación, que lleva vendidas 26 millones de copias, logró esa privilegiada posición por cuarta vez, pero se trata de la primera vez que un título lo consigue con un intervalo de 16 años. Desde su formación, ABBA ha despachado casi 400 millones de álbumes y a pesar de llevar separados décadas aún logra vender tres millones de títulos cada año. Y los críticos lo han recomendado como «Obra maestra del pop de tres minutos» e «Indispensable». ¿Cuál es el motivo? No se puede hablar de uno de esos revivals del los grupos raros o excéntricos porque ABBA siempre fue un grupo raro y excéntrico y, al mismo tiempo, misteriosamente respetable en su factura. ABBA está más cerca de Queen, de Elton John, de George Michael y de Madonna de lo que a ellos –y a sus seguidores– les gustaría reconocer. Y a propósito de Madonna, ¿no fueron acaso Agnetha y Anni-Frid las originales «chicas materiales» con su «Money, Money, Money»?
TRES. Un botón de muestra: los australianos mueren por ABBA, apenas unos milímetros por debajo de sus adorados Beatles. Basta ver películas como «El casamiento de Muriel» o «Priscilla, Reina del Desierto», para saber lo que les pasó a los australianos con el cuarteto sueco. Para ellos, ABBA es el mejor manual de autoayuda, sus canciones son terapéuticas. Para el resto de nosotros, Agnetha, Benny, Björn y Anni-Frid son lo más parecido a un Expediente X imposible de cerrar, a un mensaje en botella que nos llega desde la Dimensión Desconocida. ABBA es el Triángulo de las Bermudas musical donde todos se pierden y en el que las publicaciones especializadas más prestigiosas y poco piadosas no vacilan en afirmar que –«probablemente”– «Dancing Queen» sea la mejor canción pop de todos los tiempos. Para el especialista argentino Sergio Marchi (periodista víctima de cierta furia enciclopédica y discográfica) esa canción «es irresistible y dan ganas de cantarla a voz en cuello. Los odiaba cuando era adolescente y rockero y contestatario. Eran lo grasa. Hoy me parecen el epítome de la música pop…». Y Bono la interpretó para cerrar cada concierto del ZOO TV Tour que los muy rockeros U2 realizaron a lo largo y ancho del mundo hace algunos años.
CUATRO. Ya saben: un pianito de introducción. Tan reconocible como el riff de guitarra de «La Bamba» o de «Satisfaction» y –como en el «She loves you» de los Beatles– la astucia de empezar con un estribillo que más que un estribillo es una orden. Para muchos, para casi todos, «Dancing Queen» es la obra maestra de ABBA. Tina Turner piensa eso y, junto a ella, buena parte de los críticos musicales más feroces e impiadosos del universo. Fue estrenada para una gala televisiva el día anterior al matrimonio entre el rey Carl XVI Gustaf (no estoy loco, se escribe así, con el número en el medio) y la reina Silvia. Corría junio de 1976. Enseguida la canción era número uno en diez países, incluyendo Bolivia y Estados Unidos. En el atemporal funcionamiento a prueba de modas de «Dancing Queen» es donde reside la grandeza de ABBA. En realidad, basta escuchar la ya mencionada versión que hacían los U2 en vivo para saber que las canciones del cuarteto sueco funcionan en cualquier ambiente y para cualquier ocasión. Que –como Woody Allen en «Zelig»– se adaptan automáticamente a lo que sea a partir de sus siempre muchas, demasiadas partes, ensambladas con precisión de relojería. Por supuesto que «Dancing Queen» aparece en la película. Y cuando lo hace, sonrío. La pregunta es, ¿por qué cuernos sonrío?
CINCO. Claro, también están «Super Trouper», «Money, Money, Money», «S.O.S.», «Lay all your love on me», «Does your mother know», «Gimme! Gimme! Gimme!», «Mamma Mia», «The winner takes it all», «I have a dream», «Slipping through my fingers», «Take a chance on me», «When all is said and done»… Impresiona un poco darse cuenta de todas las canciones que uno anda canturreando por ahí sin recordar que son canciones de ABBA.
SEIS. Una vez leí unas declaraciones de Joey (aquel de los Ramones) donde el músico emblema del punk-rock afirmaba que su canción favorita llevaba un nombre fatal y derrotista: «Waterloo». Ni más ni menos que la canción con que ABBA ganó el concurso Eurovisión en 1974. ¿Y qué tiene que ver ABBA con el punk-rock?, pensé entonces y pienso ahora. También leí que tanto Pete Townshend (de los Who) como Peter Hamill (músico genial salido de Van Der Graff Generator) consideraban una canción de ABBA entre sus preferidas de todos los tiempos. ¿Se habían vuelto locos? La canción era «Knowing me, Knowing you». La primera vez que la escuché me pareció muy buena. Y al escucharla ahora (mientras escribo esta nota ABBA suena en los auriculares que tengo puestos para no molestar el sueño de los vecinos) me parece muchísimo mejor todavía. Me parece muy buena. Una de las mejores canciones divorcistas jamás escritas y cantadas. Eso de empezar con un «No más risas desinhibidas, silencio para siempre» y el brillantísimo estribillo donde se enciman varias capas de voces conforman una de las astutas constantes de ABBA: canciones de melodía feliz con letras muy tristes. Canciones para que bailen los desgraciados (ver «El casamiento de Muriel»), canciones de verano pero con nubes. La melancolía siempre detrás de la euforia. Y a la hora final –con el álbum The Visitors, oscuro canto del cisne de ABBA–, esas extrañas canciones sobre la locura y la soledad golpeando a tu puerta. Pero siempre con una sonrisa en la boca.
SIETE. Hace poco vi un documental de ABBA en un canal de cable. Películas caseras filmadas en el estudio. Inevitable compararlas con las películas caseras que los Beatles desenterraron para su Anthology. La comparación no es gratuita. Con diez años de actividad y casi treinta de desaparecidos, ABBA es –junto a los Beatles– el grupo zombie (muerto pero no del todo) con más éxitos de la historia. En vida, como los Beatles, siendo básicamente un grupo «de estudio» con fobia a las presentaciones en vivo, llegaron a las mismas alturas de furia desatada: en 1977, sus dos shows en el Royal Albert Hall de Londres –con capacidad para 5500 personas– recibió tres millones y medio de solicitudes para comprar entradas. En sus filmaciones privadas los Beatles trabajando parecen niños traviesos. ABBA, en cambio, remite a los científicos de laboratorio tratando de dar con un descubrimiento milagroso. Cuentan los que allí estuvieron que cada canción del cuarteto demoraba siete días con sus siete noches en alcanzar la perfección de la hipnosis.
OCHO. La saga de ABBA, en síntesis. Rock matrimonial. Dos parejas. Atractivo extra de telenovela para los escuchas de todo el mundo. Dos hombres que se descubren geniales componiendo a dos manos descubren a dos chicas cuya combinación de voces resulta perfecta, implacable. Una de ellas, la rubia, ya era bastante famosa antes de ABBA. La pelirroja compensó la ecuación mostrando más pierna y convirtiéndose en la favorita de los adolescentes aunque –en su momento– el trasero de la rubia creció a mito fetiche. Se aman, les va mal, más o menos y bien. Triunfan en Eurovisión ’74 y entonces les va muy bien. Se ponen ropa que convierte a la expresión “mal gusto” en algo insuficiente. Les va cada vez mejor. Filman una película (ABBA: The Movie), la séptima más vista del año 1978, el mismo año que se estrenó «Star Wars» y «Fiebre del sábado por la noche». Después ellos se enamoran de otras, se van de casa y –detalle perturbador– siguen trabajando con ellas y por el solo placer de escribirles cosas como «The winner takes it all» (El ganador se lleva todo): canciones de mujeres abandonadas para que las canten y, claro, lleguen al número uno de todos los ranking de ventas. Al final, se pelean y se separan. Se sabe: pop y pareja no hacen buenas migas. Supongo que los Wings de Paul McCartney son la excepción. Y Pimpinela, porque hacen de pareja pero son hermanos y así cualquiera.
NUEVE. ABBA se separó casi sin que nadie se diera cuenta, casi sin que ellos se dieran cuenta. Desde entonces, muchas veces se ha especulado con una posible reunión. Cuando les preguntan a Björn y a Benny (los que más exposición pública han tenido desde la ruptura y los cerebros detrás del film «Mamma Mia!») ponen cara de nada. Y lo bien que hacen. ¿Qué sentido tiene resucitar a un muerto cuyo fantasma goza de mejor salud que la que alguna vez disfrutó el sujeto vivito y coleando? Reunido y resucitado ABBA sería apenas otro de esos grandes grupos que se juntan por dinero con, para peor, dos mujeres grandes. Si ABBA se juntara, seguro que yo jamás sentiría estas inexplicables ganas de volver a oír «Knowing me, Knowing you». En mi casa y a todo volumen. Si ABBA se juntara, yo nunca me descubriría subiendo las escaleras del Plaza Oeste (la parte izquierda de mi cerebro sin entender lo que hace la derecha) para entrar al cine donde proyectaban «Mamma Mia!», justificándome a mí mismo que, después de todo, necesito ver la película para escribir esta nota.
Septiembre de 2009
jueves, 17 de octubre de 2013
TV - The Blacklist: Un tipo poco confiable
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| James Spader |
En pocos minutos del piloto supimos cuál va a ser el argumento central de la serie. Como ya dije, uno de los fugitivos más buscados por los servicios de inteligencia norteamericanos se presenta en las oficinas centrales del FBI y se entrega voluntariamente. Este hombre, Raymond Reddington, con el magnetismo que tienen las personas que parecen controlar siempre la situación en la que se encuentran, llega con una propuesta bien jugosa para los federales: les ayudará a detener a un montón de maleantes, los peores delincuentes que hay sobre la faz del planeta, si a cambio... En fin.
Raymond llega con su Lista Negra, tan golosa, con exigencias al estilo Lecter, quid pro quo, y la primera se llama Elisabeth 'Clarice' Keen, que será la coprotagonista de la serie. Y paro de contar.
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| Megan Boone |
La intenciones ocultas de Reddington y el poder que ejerce sobre el siempre idealizado FBI son el primer cebo de la serie. Luego llegaremos a la histora de la agente Keen y su novio, que imaginamos relacionada de alguna manera con la trama principal. Por último, tenemos las variadas cacerías de cada episodio, que tratan de ser originales, y la verdad es que por ahora lo son. Lo mejor hasta ahora es que la trama principal y la relación entre los protagonistas es suficientemente interesante como para que ver el resto merezca la pena. El problema es que si -más adelante- esa trama principal se vuelve tediosa y se cae, ver cómo el FBI captura malechores por el bien de la humanidad no tendrá el más mínimo interés.
Spader y su personaje son el centro de atención, lo diferente en 'The Blacklist'. No parece ser mucha responsabilidad para este hombre. Veremos si los guionistas y el resto de personajes están a la altura.
Aún es pronto para saber su suerte.
sábado, 5 de octubre de 2013
¡Feliz aniversario, Beatles!
viernes, 20 de septiembre de 2013
Volver a imaginar
Fue el segundo álbum en solitario de John Lennon y se transformó en el trabajo más popular de su carrera. Grabado entre el 23 de junio y el 5 de julio de 1971 en sus estudios privados en Tittenhurst Park y publicado en Estados Unidos el 9 de septiembre de ese año, el álbum contiene muchas de las mejores canciones escritas por John. Entre ellas, la que le daba título al álbum: “Imagine”, su mayor regalo musical al mundo, un tema indispensable para entender a un hombre irrepetible.
UNO. John Lennon compuso Imagine (Imagina) una mañana de principios de 1971 en su habitación de Ascot, la propiedad que tenía en Tittenhurst, Inglaterra. Su mujer, Yoko Ono, le observó sentarse ante el gran piano blanco que tenían en casa (ahora famoso gracias a las películas y las fotografías de las sesiones de grabación del álbum) y terminar la canción: la serena melodía; esa irresistible figura de cuatro notas; y prácticamente la letra completa, veintidós versos que, en términos sencillos y de enorme belleza, hablan de la fe en la posibilidad de que un mundo unido por la imaginación y por un objetivo pueda cambiarse a sí mismo.
«No es que pensara: ‘Esto puede ser un himno’ - dijo Ono recordando esa mañana años más tarde-. Imagine era lo que John creía, que todos somos un país, un mundo, una misma persona. Quería transmitir esa idea».
La idea no era sólo suya: el arte de Ono también celebraba el poder de los sueños. El primer verso de Imagine («Imagine There’s No Heaven» [Imagina que no hay cielo]) desciende directamente de un libro de Ono de 1964, Grapefruit, en el que decía «imagina un pez de colores nadando por el cielo», «imagina que las nubes caen como gotas; cava un agujero en tu jardín para ponerlas allí dentro». Pero Lennon, como buen ex Beatle, era un experto en las imágenes populares. Una vez admitió que Imagine era, prácticamente, «El manifiesto comunista». Pero la belleza elemental de esta melodía, la calidez de su voz y el toque poético del coproductor Phil Spector enfatizaron la profunda humanidad de la canción.
Lennon sabía que había escrito algo especial. En una de sus últimas entrevistas declaró que Imagine era tan buena como cualquier canción que hubiera escrito con los Beatles. Poco más de cuarenta años después, sabemos que es aún mejor: un tema imperecedero que nos ha ayudado a superar momentos de gran dolor, entre ellos, el asesinato del propio Lennon. Es imposible soñar un mundo mejor sin Imagine. Y la necesitamos más de lo que nunca soñamos.
DOS. Imagine aparece como la cúspide artística de la vida de Lennon pos-Beatles. El deseo de escapar de su tormento interior impulsó el idealismo utópico de Lennon y su aspiración de hundirse en algo más grande que él mismo. John escribió la letra en un avión, y la canción –su plácida evocación de un reino de belleza abstracta más allá de los males de este mundo– se ha convertido en un mensaje universal y se mantiene como exponente e himno de la paz mundial, particularmente luego de la muerte violenta de John. Nueve de cada diez personas repiten eso cuando escuchan esta canción: «es un himno». Pero tengo un amigo que sostiene que, como toda canción, es tan fácil de malinterpretar que muchos prefieren entenderla como el definitivo e insuperable jingle pacifista cuando en realidad es una llamada a ir borrándolo todo hasta convertirse (resulta más fácil si se es millonario) en un perfecto hombre de ningún lugar, fuera y lejos de todo. En Imagine, Lennon –como en lo mejor de su obra: canciones como «I’m Only Sleeping», «I’m So Tired», «Lucy in the Sky with Diamonds», «Tomorrow Never Knows», «Across the Universe», «God», «Isolation», «Watching the Wheels», «#9 Dream» y «A Day in the Life»– apuesta por una virtual eliminación de todo. La receta que nos ofrece es ir descartando el cielo y el infierno y los países y las religiones y las posesiones materiales hasta que lo único que quede sea él. Un «soñador» flotando en un limbo donde –como en el por siempre idílico «Strawberry Fields»– «nada es real y no hay nada por qué preocuparse».
No sé si mi amigo tenga razón. Pero viniendo de Lennon, nunca se sabe.
TRES. Pero, insisto, son muchos los millones que consideran la canción Imagine como un himno de esperanza universal. Imagine es una canción humanista por excelencia, que niega a los humanos el lugar que a menudo se adjudican a sí mismos en el universo espiritual y que, en cambio, los relega a su material y exquisitamente hermoso hogar terrenal. Lennon hace esto para impulsar a sus prójimos a unirse en la creación de un mundo que valga la pena, sin países ni guerras impulsadas por la religión o la propiedad privada. Su deseo de compartir este mundo juntos como una auténtica «hermandad de los seres humanos» ha hecho que más de uno se haya preguntado si acaso Lennon no escribiría esta canción después de haber leído el Socialist Standard, lo cual no es una idea descabellada, puesto que después de la separación de los Beatles empezó a frecuentar con avidez la prensa radical, pero no se sabe con certeza si llegó a leer el Standard, un periódico que desde 1904 también aboga por una sociedad de propiedad compartida, sin naciones, sin clases y sin dinero.
CUATRO. Desde luego, John Lennon expresaba su cólera y su sentido del absurdo en las mordaces letras de sus canciones. Resulta interesante constatar que, si se dejan de lado sus nueve años como Beatle famoso, el carácter político de sus últimos años es una extensión lógica de su época como miembro del cuarteto de Liverpool. A menudo se encuentran rastros de su rebeldía en las entrevistas que concedió como Beatle, y su declaración de que eran más famosos que Jesucristo fue un raro aunque involuntario uso de la fama para poner patas arriba el statu quo, probablemente sin parangón alguno hasta que los Sex Pistols empezaron a blasfemar en la televisión británica doce años después.
Es curioso que la primera canción de Lennon en un álbum de los Beatles –Please Please Me (1963)– fuese Misery, que empezaba con las palabras «el mundo me trata mal». John lanzaba a menudo estas pequeñas bombas líricas de su auténtico yo en canciones que, por otra parte, eran perfectas gemas de la música pop que se hacían eco de las sensibilidades musicales del pop estadounidense. Dado que tenía el mundo rendido a su alrededor, es posible que Lennon disfrutara utilizando sus canciones como una oportunidad para hacer una crítica de la realidad.
Tan pronto como los Beatles fueron historia, John Lennon empezó a hacer historia con sus canciones dolorosamente honradas y políticas. El primer ejemplo alumbró en 1970: el álbum John Lennon/Plastic Ono Band. Además de la canción que trata de la pérdida de su madre y de Love (una de las melodías más hermosas que se puedan escuchar en cualquier álbum, sea o no sea de los Beatles), el músico comenzó a explorar a lo grande temas humanistas y políticos. La convicción lennoniana de que vivía en un universo ateo se revela en diferentes lugares. Por ejemplo, en I Found Out, declara: «No hay ningún Jesús venido del cielo» y en God va un poco más lejos, pues la afirmación de que «Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor» hunde sus raíces en la psicología humana. La canción Working Class Hero es un clásico ejemplo de la humillación de los obreros en entornos tales como el hogar, la escuela y el trabajo. Incluso, siendo él multimillonario, en ella se identificó con la situación de las masas trabajadoras y tomó plenamente conciencia de clase al cantar «Te dicen que puedes llegar a la cima / pero antes has de aprender a matar sonriendo / si deseas triunfar como los de allá arriba».
«Siempre he tenido conciencia política y he estado contra el statu quo –decía Lennon en enero de 1971, cuando le concedió una extensa entrevista al diario comunista británico Red Mole–. Es bastante básico, cuando has aprendido desde chico, como yo, a odiar y a temer a la policía como tu enemigo natural y a despreciar al ejército como algo que se lleva a todos y los abandona muertos en alguna parte. Es simplemente un asunto básico de la clase trabajadora, aunque comienza a desteñirse cuando vas envejeciendo, tienes una familia y te traga el sistema».
CINCO. Tal como la presentó en una entrevista, Imagine es «antireligiosa, antinacionalista, anticonvencional, anticapitalista, pero aceptada por su dulzura». Más allá de que esto fuese así, lo que John dejó tras de sí fue la imaginación utópica que todos compartimos, que todavía existe en un millón de cerebros y que se niega a que nadie la silencie. La canción Imagine fue incuestionablemente el momento más elevado de Lennon. Su claridad lírica y conceptual arrojó luz sobre un mundo oscuro y violento, impulsándonos a imaginar otro mundo: no a la guerras, no a los conflictos generados por el dinero y las instituciones políticas y religiosas, no a la matanza debido a las fronteras, un mundo que viva en paz y en un orden económico en el que tanto la avaricia como el hambre resultase algo imposible. Si miramos un poco el mundo en que vivimos, nos daremos cuenta de que Lennon habla de la realidad cruda y no de sueños de fantasía.
«Imagine fue lo mejor de John Lennon –confesó alguna vez Phil Spector, coproductor del álbum–. Si uno tuviera que determinar con precisión cómo era John -cómo se paraba, cómo se sentía y cómo pensaba-, este álbum lo diría todo por sí mismo. Yo sabía que sería un enorme éxito, una declaración de principios definitiva de John. Y lo fue».
SEIS. ¿Cuántos somos los que hoy compartimos la visión de John Lennon? ¿Cuántos somos los que apoyamos todas las causas que acercan a la humanidad hacia el objetivo de un orden económico sin las coacciones impuestas por el sistema de mercado? ¿Cuántos somos los que todavía nos animamos a soñar un mundo de paz, de igualdad y de abundancia?
«Podrás pensar que somos unos soñadores, pero no somos los únicos. Ojalá un día te unas a nosotros. Y el mundo será de todos.»
UNO. John Lennon compuso Imagine (Imagina) una mañana de principios de 1971 en su habitación de Ascot, la propiedad que tenía en Tittenhurst, Inglaterra. Su mujer, Yoko Ono, le observó sentarse ante el gran piano blanco que tenían en casa (ahora famoso gracias a las películas y las fotografías de las sesiones de grabación del álbum) y terminar la canción: la serena melodía; esa irresistible figura de cuatro notas; y prácticamente la letra completa, veintidós versos que, en términos sencillos y de enorme belleza, hablan de la fe en la posibilidad de que un mundo unido por la imaginación y por un objetivo pueda cambiarse a sí mismo.
«No es que pensara: ‘Esto puede ser un himno’ - dijo Ono recordando esa mañana años más tarde-. Imagine era lo que John creía, que todos somos un país, un mundo, una misma persona. Quería transmitir esa idea».
La idea no era sólo suya: el arte de Ono también celebraba el poder de los sueños. El primer verso de Imagine («Imagine There’s No Heaven» [Imagina que no hay cielo]) desciende directamente de un libro de Ono de 1964, Grapefruit, en el que decía «imagina un pez de colores nadando por el cielo», «imagina que las nubes caen como gotas; cava un agujero en tu jardín para ponerlas allí dentro». Pero Lennon, como buen ex Beatle, era un experto en las imágenes populares. Una vez admitió que Imagine era, prácticamente, «El manifiesto comunista». Pero la belleza elemental de esta melodía, la calidez de su voz y el toque poético del coproductor Phil Spector enfatizaron la profunda humanidad de la canción.
Lennon sabía que había escrito algo especial. En una de sus últimas entrevistas declaró que Imagine era tan buena como cualquier canción que hubiera escrito con los Beatles. Poco más de cuarenta años después, sabemos que es aún mejor: un tema imperecedero que nos ha ayudado a superar momentos de gran dolor, entre ellos, el asesinato del propio Lennon. Es imposible soñar un mundo mejor sin Imagine. Y la necesitamos más de lo que nunca soñamos.
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| Con George Harrison, durante las sesiones de grabación de Imagine |
No sé si mi amigo tenga razón. Pero viniendo de Lennon, nunca se sabe.
TRES. Pero, insisto, son muchos los millones que consideran la canción Imagine como un himno de esperanza universal. Imagine es una canción humanista por excelencia, que niega a los humanos el lugar que a menudo se adjudican a sí mismos en el universo espiritual y que, en cambio, los relega a su material y exquisitamente hermoso hogar terrenal. Lennon hace esto para impulsar a sus prójimos a unirse en la creación de un mundo que valga la pena, sin países ni guerras impulsadas por la religión o la propiedad privada. Su deseo de compartir este mundo juntos como una auténtica «hermandad de los seres humanos» ha hecho que más de uno se haya preguntado si acaso Lennon no escribiría esta canción después de haber leído el Socialist Standard, lo cual no es una idea descabellada, puesto que después de la separación de los Beatles empezó a frecuentar con avidez la prensa radical, pero no se sabe con certeza si llegó a leer el Standard, un periódico que desde 1904 también aboga por una sociedad de propiedad compartida, sin naciones, sin clases y sin dinero.
CUATRO. Desde luego, John Lennon expresaba su cólera y su sentido del absurdo en las mordaces letras de sus canciones. Resulta interesante constatar que, si se dejan de lado sus nueve años como Beatle famoso, el carácter político de sus últimos años es una extensión lógica de su época como miembro del cuarteto de Liverpool. A menudo se encuentran rastros de su rebeldía en las entrevistas que concedió como Beatle, y su declaración de que eran más famosos que Jesucristo fue un raro aunque involuntario uso de la fama para poner patas arriba el statu quo, probablemente sin parangón alguno hasta que los Sex Pistols empezaron a blasfemar en la televisión británica doce años después.
Es curioso que la primera canción de Lennon en un álbum de los Beatles –Please Please Me (1963)– fuese Misery, que empezaba con las palabras «el mundo me trata mal». John lanzaba a menudo estas pequeñas bombas líricas de su auténtico yo en canciones que, por otra parte, eran perfectas gemas de la música pop que se hacían eco de las sensibilidades musicales del pop estadounidense. Dado que tenía el mundo rendido a su alrededor, es posible que Lennon disfrutara utilizando sus canciones como una oportunidad para hacer una crítica de la realidad.
Tan pronto como los Beatles fueron historia, John Lennon empezó a hacer historia con sus canciones dolorosamente honradas y políticas. El primer ejemplo alumbró en 1970: el álbum John Lennon/Plastic Ono Band. Además de la canción que trata de la pérdida de su madre y de Love (una de las melodías más hermosas que se puedan escuchar en cualquier álbum, sea o no sea de los Beatles), el músico comenzó a explorar a lo grande temas humanistas y políticos. La convicción lennoniana de que vivía en un universo ateo se revela en diferentes lugares. Por ejemplo, en I Found Out, declara: «No hay ningún Jesús venido del cielo» y en God va un poco más lejos, pues la afirmación de que «Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor» hunde sus raíces en la psicología humana. La canción Working Class Hero es un clásico ejemplo de la humillación de los obreros en entornos tales como el hogar, la escuela y el trabajo. Incluso, siendo él multimillonario, en ella se identificó con la situación de las masas trabajadoras y tomó plenamente conciencia de clase al cantar «Te dicen que puedes llegar a la cima / pero antes has de aprender a matar sonriendo / si deseas triunfar como los de allá arriba».
«Siempre he tenido conciencia política y he estado contra el statu quo –decía Lennon en enero de 1971, cuando le concedió una extensa entrevista al diario comunista británico Red Mole–. Es bastante básico, cuando has aprendido desde chico, como yo, a odiar y a temer a la policía como tu enemigo natural y a despreciar al ejército como algo que se lleva a todos y los abandona muertos en alguna parte. Es simplemente un asunto básico de la clase trabajadora, aunque comienza a desteñirse cuando vas envejeciendo, tienes una familia y te traga el sistema».
CINCO. Tal como la presentó en una entrevista, Imagine es «antireligiosa, antinacionalista, anticonvencional, anticapitalista, pero aceptada por su dulzura». Más allá de que esto fuese así, lo que John dejó tras de sí fue la imaginación utópica que todos compartimos, que todavía existe en un millón de cerebros y que se niega a que nadie la silencie. La canción Imagine fue incuestionablemente el momento más elevado de Lennon. Su claridad lírica y conceptual arrojó luz sobre un mundo oscuro y violento, impulsándonos a imaginar otro mundo: no a la guerras, no a los conflictos generados por el dinero y las instituciones políticas y religiosas, no a la matanza debido a las fronteras, un mundo que viva en paz y en un orden económico en el que tanto la avaricia como el hambre resultase algo imposible. Si miramos un poco el mundo en que vivimos, nos daremos cuenta de que Lennon habla de la realidad cruda y no de sueños de fantasía.
«Imagine fue lo mejor de John Lennon –confesó alguna vez Phil Spector, coproductor del álbum–. Si uno tuviera que determinar con precisión cómo era John -cómo se paraba, cómo se sentía y cómo pensaba-, este álbum lo diría todo por sí mismo. Yo sabía que sería un enorme éxito, una declaración de principios definitiva de John. Y lo fue».
SEIS. ¿Cuántos somos los que hoy compartimos la visión de John Lennon? ¿Cuántos somos los que apoyamos todas las causas que acercan a la humanidad hacia el objetivo de un orden económico sin las coacciones impuestas por el sistema de mercado? ¿Cuántos somos los que todavía nos animamos a soñar un mundo de paz, de igualdad y de abundancia?
«Podrás pensar que somos unos soñadores, pero no somos los únicos. Ojalá un día te unas a nosotros. Y el mundo será de todos.»
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