jueves, 17 de octubre de 2013

TV - The Blacklist: Un tipo poco confiable


Desde que en los ’80 quiso robarle la novia a su amigo (Pretty in Pink), fue un prestamista frío y bestial (Less Than Zero), filmó a chicas para que les contaran sus perversiones (Sexo, mentiras y video) o se enfrentó a Jack Nicholson para eliminarlo y quedarse con Michelle Pfeiffer (Lobo), los personajes de James Spader no son dignos de confianza. Lascivia, manejo del poder y elocuencia es todo lo que proyecta el sujeto de rostro cerrado. También supo tomarse en sorna su physique du rôle en las series The Office y Boston Legal.

James Spader
En The Blacklist (estrenada hace tres semanas por Sony, va los miércoles a las 22 y repite los jueves a las 23 horas) esas dos facetas, la siniestra y la graciosa, están presentes. Aquí encarna a un ex agente, llamado Raymond Reddington, que durante años estuvo en el Top 10 de los más buscados por el FBI, ya que vendía su know how y data al mejor postor. En la primera escena se rinde como el asesino serial de Pecados capitales. Su oferta será la de entregar su «lista negra» de criminales y fugitivos a cambio de... Por ahora el único requerimiento de Reddington es trabajar junto a Elizabeth Keen (Megan Boone), una agente del FBI recién salida de Quantico. Y sí, suena un poco a la relación de Hannibal Lecter con Clarice Starling en «El silencio de los inocentes»... En esa línea de múltiples –y peligrosas– referencias se mueve The Blacklist.

En pocos minutos del piloto supimos cuál va a ser el argumento central de la serie. Como ya dije, uno de los fugitivos más buscados por los servicios de inteligencia norteamericanos se presenta en las oficinas centrales del FBI y se entrega voluntariamente. Este hombre, Raymond Reddington, con el magnetismo que tienen las personas que parecen controlar siempre la situación en la que se encuentran, llega con una propuesta bien jugosa para los federales: les ayudará a detener a un montón de maleantes, los peores delincuentes que hay sobre la faz del planeta, si a cambio... En fin.

Raymond llega con su Lista Negra, tan golosa, con exigencias al estilo Lecter, quid pro quo, y la primera se llama Elisabeth 'Clarice' Keen, que será la coprotagonista de la serie. Y paro de contar.

Megan Boone
Llevaba mucho sin ver a James Spader y su imagen, para mí, era la que tenía hace veinte años en las películas Stargate y Crash (no lo vi en Boston Legal y en las temporadas en las que participó en The Office), así es que encontrarlo tan mayor (lo mayor que le toca ser) y sin su cabellera rubia fue todo un shock fílmico. A los cinco minutos su personaje se había comido el recuerdo y se convertía en el principal foco de atención de The Blacklist, la razón por la que vi el segundo capítulo, y luego el tercero. La agente del FBI es Megan Boone, una actriz poco conocida que aguanta como puede el nivel de su compañero de andanzas interpretativas.

La intenciones ocultas de Reddington y el poder que ejerce sobre el siempre idealizado FBI son el primer cebo de la serie. Luego llegaremos a la histora de la agente Keen y su novio, que imaginamos relacionada de alguna manera con la trama principal. Por último, tenemos las variadas cacerías de cada episodio, que tratan de ser originales, y la verdad es que por ahora lo son. Lo mejor hasta ahora es que la trama principal y la relación entre los protagonistas es suficientemente interesante como para que ver el resto merezca la pena. El problema es que si -más adelante- esa trama principal se vuelve tediosa y se cae, ver cómo el FBI captura malechores por el bien de la humanidad no tendrá el más mínimo interés.

Spader y su personaje son el centro de atención, lo diferente en 'The Blacklist'. No parece ser mucha responsabilidad para este hombre. Veremos si los guionistas y el resto de personajes están a la altura.

Aún es pronto para saber su suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario