lunes, 1 de diciembre de 2014

Rosa Parks: “La libertad no es gratis”


Rosa Louise Parks tenía 42 años cuando volvía de su trabajo como costurera en Montgomery, Alabama, el 1º de diciembre de 1955, y tomó una decisión que cambió la historia. Ese día, Rosa se negó a ceder su asiento a un blanco en un autobús y moverse a la parte de atrás como dictaba la ley de la época. Los reglamentos impuestos luego de la Guerra de Secesión determinaban la separación de razas en los medios de transporte, los restaurantes y las instalaciones públicas del sur. Algunos historiadores comentaron que la mujer estaba agotada luego de un duro día de trabajo, pero Rosa siempre lo negó. “La verdadera razón por la que decidí no levantarme fue porque sentí que tenía derecho a ser tratada como cualquier otro pasajero. Habíamos soportado ese tipo de tratamiento demasiado tiempo”, declaró después.

Entrevistada por la BBC de Londres, algunos años antes de su muerte, Rosa no olvidaba lo ocurrido aquel día: “El joven blanco que estaba de pie no había pedido el asiento. Fue el conductor quien decidió crear un problema. Yo estaba sentada donde se suponía que debía hacerlo. El conductor exigió a cuatro personas negras que se pararan por una persona blanca que no había pedido un asiento. Simplemente sentí que no podía permitirme seguir siendo maltratada de esa manera. Pero no tenía idea de que alguien se enteraría de lo que me había sucedido aquel día. Es más, ni siquiera tenía certeza de que sobreviviría aquel día. Simplemente estaba cansada del maltrato”, sostuvo.

Para cuando ocurrió el hecho, Rosa ya era una activista en el campo de los derechos humanos. A principios de la década 1950, Parks se unió al movimiento estadounidense de derechos civiles y se empleó como secretaria en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP en Montgomery (Alabama). También asistió a la Highlander Folk School, un centro educativo que promovía los derechos de los obreros y la igualdad racial. Queda claro que Rosa sabía muy bien a lo que se exponía cuando decidió quedarse sentada, aunque nunca pensó que encendería la chispa de lo que luego fue el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos.

Como era de esperarse, su acción concluyó con su encarcelamiento. Acusada de haber perturbado el orden, debió pagar una multa de 14 dólares, pero su acto dio nacimiento a un movimiento no violento de masas contra la discriminación y ella se convirtió para siempre en la “madre de los derechos civiles” de su país.

Pero el gesto de Rosa y su posterior detención no pasaron inadvertidos para la comunidad afroamericana de Alabama. Un joven pastor bautista, poco conocido hasta entonces, encabezó y armó un boicot que afectó tanto al sistema de transportes como a la política estadounidense en su totalidad. Su nombre era Martin Luther King.La orden de King era clara y fue acatada con rapidez: ninguna persona de color volvería a subir a un autobús. De este modo, los habitantes negros llevaron adelante su lucha durante 381 días seguidos. Para cuando el boicot terminó, las compañías transportadoras estaban al borde de la quiebra, pues los buses eran 75 por ciento para la población de raza negra. A lo largo de ese año, cientos de trabajadores negros fueron despedidos y muchos otros terminaron en prisión. El fin de la lucha llevó también llevó a la creación de la Asociación por el Desarrollo de Montgomery, grupo que eligió como uno de sus portavoces a Luther King.

Previamente, el 13 de noviembre de 1956, la Corte Suprema decretó que en Montgomery la segregación racial en los buses terminaba porque estaba en contra de la constitución estadounidense, lo que se constituyó en todo un triunfo para los derechos civiles, pues se demostraba que alcanzar la igualdad era posible.

Sin embargo, en 1957 Rosa Parks tuvo que mudarse a Detroit con su esposo luego de ser amenazada de muerte, una situación común entre muchos líderes negros que fueron víctimas de atentados y arrestos injustificados. No obstante, continuó militando a favor de los derechos civiles y promocionando la igualdad sin importar el color, para convertirse en todo un símbolo de la justicia y de la lucha de las minorías.

“La libertad siempre ha sido importante para mi –decía Rosa–.  Pero los sacrificios necesarios para lograr la libertad para todos no son la prioridad para suficiente gente hoy en día. Y eso que el desempleo y la criminalidad urbana siguen siendo problemas graves en las comunidades negras de Estados Unidos. Por supuesto queda mucho por hacer. Como he dicho muchas veces antes, la libertad no es gratis”.

En 1987, Rosa Parks fundó el Instituto Raymond Parks para el Auto Desarrollo –en honor a su esposo- para ayudar a los jóvenes a alcanzar su máximo potencial. “En el programa ‘Caminos hacia la Libertad’, en el que hacemos investigaciones históricas, nuestro tema es: ‘¿Dónde has estado? ¿Hacia dónde vas?’. Trabajamos con jóvenes de muchos grupos en la comunidad para ayudar a identificar sus necesidades”, decía Rosa.

Uno de los principales puntos que se enfatizan en el Instituto es el trabajo comunitario y la filosofía de “Serenidad y Fortaleza” (Quiet Strength), la habilidad de demostrar dignidad con orgullo, coraje con perseverancia y poder con disciplina. Esta filosofía enfatiza el crecimiento espiritual, el cuidado de la salud, la comunicación efectiva y el ser auto-suficiente en un clima de respeto mutuo y amistad.

“Hace 40 años la lucha por los derechos civiles unió a la comunidad negra –le decía Rosa a la BBC–. Hoy en día muchos jóvenes negros parecen no tener esperanza en la lucha social. Muchas cosas eran diferentes hace 40 años. Los negros vivían en una sociedad completamente segregada aquí en Estados Unidos. No importaba cuál fuera tu ingreso, tu educación o tu profesión. Si eras negro, debías vivir en un barrio para negros. 40 años después esto ya no es así. Era fácil identificar el racismo entonces. Se veía cada día. Se hablaba de eso en las casas, en las comunidades, en las iglesias, en las escuelas. Siempre estaba con uno. Pero todavía hay racismo en Estados Unidos, pero las formas de racismo no son tan obvias como hace 40 años. Hay que educar a la juventud sobre su pasado, su presente y futuro”.

El 24 de octubre de 2005 Rosa Parks falleció a la edad de 92 años. Sufría de demencia progresiva. El 30 de octubre sus restos fueron honrados en la Rotonda del Capitolio, convirtiéndose en la primera mujer y la segunda persona afroamericana en recibir este honor. Después de una vida de batallar contra el racismo, Parks había recibido, en 1999, una Congressional Gold Medal (Medalla de Oro del Congreso). Su muerte ocurrió pocas semanas después del paso del huracán Katrina (que golpeó en los estados de Alabama, Louisiana y Mississippi), y que dejó en claro que en “el país de las oportunidades” sigue habiendo racismo. Seis de cada diez negros acusaron al gobierno de racismo debido a la lentitud con la que les llegó la ayuda, mientras que sólo uno de cada ocho blancos pensaba lo mismo, según un sondeo de mediados de setiembre de aquel año.

Las cifras oficiales de Louisiana indican que 42% de los más de 1.200 muertos a causa del ciclón eran negros, mientras que la comunidad negra es sólo 32% de la población del estado. Militantes de los derechos negros organizaron una manifestación de miles de personas sobre la explanada de Washington a mediados de octubre para denunciar el hecho.

Según cifras oficiales de 2012, el 28% de los negros estadounidenses es pobre, más del doble que la población general (12,7%). Y la diferencia entre los ingresos familiares de blancos y negros creció de US$ 19.000 en 1967 a casi US$ 27.000 para ese mismo año.

Habrá que seguir educando, nomás…

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